La pierna heroica de Su Alteza Serenísima

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Un héroe de guerra

Antonio López de Santa Anna es uno de los personajes clave para entender el pasado de México en la primera mitad del siglo XIX. Fue un destacado militar que condujo al ejército mexicano en decisivas batallas en contra de invasores extranjeros, presidente de México en múltiples ocasiones y recordado por haber perdido en forma vergonzosa batallas en contra de los independentistas texanos y del invasor norteamericano en 1847.

Hoy en día, el recuerdo del general Santa Anna suele provocar una mezcla de indignación e hilaridad en los mexicanos y se le menciona como un ejemplo inigualable de megalomanía. Pues bien, ahora les contaré una de las historias que hacen honor a este pintoresco personaje que, por cierto, en su última etapa de gobierno se hizo llamar “su alteza serenísima”.

Su carrera vertiginosa en el ejército

Originario de la ciudad de Xalapa, en Veracruz, el joven Antonio ingresó a la edad de 14 años, en calidad de cadete, a un regimiento militar de la Nueva España en 1810, que tendría que combatir contra los insurgentes que luchaban por la Independencia. 

Muy pronto descubrió que su carácter vivaracho y alegre, servicial y meloso con sus superiores, le ayudaría a escalar posiciones en las fuerzas armadas. Pero el joven Santa Anna pronto se distinguió por luchar con denuedo y valentía, lo que valió que en 1815, antes de llegar a los 20 años de edad, fuera nombrado Comandante Militar de los extramuros de Veracruz. En tanto que en abril de 1821 cambió de bando, adhiriéndose a la lucha por la consumación de la Independencia que encabezaba Agustín de Iturbide.

Ocho años después de lograda la Independencia de México, comandó al ejército mexicano en contra de una fuerza militar de España que pretendía reconquistar México, logrando su capitulación, lo que le valió el reconocimiento como “héroe de Tampico”.

El fatal destino de una pierna

Dos años después de que Texas lograra su Independencia, el general Santa Anna comandó al Ejército Mexicano en contra de una fuerza de ocupación de Francia que había desembarcado en el Puerto de Veracruz, en julio de 1829. En uno de los enfrentamientos que tuvo lugar en la Plaza de la Ciudad de Veracruz, el “Héroe de Tampico” fue herido en una pierna, pero en virtud de la eficiente atención médica recibida logró salvar la vida, aunque a costa de la pérdida de su extremidad izquierda. 

Por mi patria he perdido un miembro importante de mi cuerpo, luchando contra invasores extranjeros: su fértil y hermoso suelo he regado con mi sudor y mi sangre…  afirmaría en sus memorias el famoso general.

Solemne ceremonia

Algunos años más tarde, el general López de Santa Anna, en su calidad de presidente de México,  convocó a una peculiar ceremonia cívica, que tuvo lugar en el Cementerio de Santa Paula, ubicado dónde hoy se encuentra la Colonia Guerrero y la Unidad Tlatelolco, en la ciudad de México.

En la mañana del 27 de septiembre de 1842, los asombrados concurrentes, miembros de la clase política, empresarios, jerarcas religiosos y pueblo en general, presenciaron un insólito espectáculo: el entierro de los restos óseos de la pierna del general en un monumento erigido ex-profeso para honrar la memoria de tan ilustre miembro. Escuchemos lo que narró el periodista Carlos María de Bustamante sobre el citado evento:

La guarnición formó valla: los sargentos cargaron la urna colocada en unas andas, y detrás de ella marchó mucha infantería. La urna fue colocada por mano del ministro de guerra acompañado del de hacienda …

El Lic. Sierra y Rosso, apoderado y favorecido de Santa Anna, pronunció cerca de la columna y en la galería inmediata que forma los sepulcros, una oración en honor a su héroe  remembrando sus hazañas, afirmando que el nombre de Santa Anna duraría hasta el día en que el sol se apagara en las estrellas y los planetas volvieran al caos en donde durmieron antes. No tardó en poder comprarse en los portales las réplicas de bolsillo del monumento y del sarcófago elaboradas por los artesanos de ocasión..

Transcurrido este singular evento de culto al héroe de la patria y apenas dos años más tarde, sucedió que en medio de una revuelta social, el 6 de diciembre de 1844, el populacho se dirigió al cementerio de Santa Paula, en donde destrozaron el peculiar monumento y extrajeron los huesos de la pierna del general. 

Acto seguido condujeron sus restos arrastrándolos por las calles de la ciudad, profiriendo toda clase de improperios en contra del “Héroe de Tampico”, para finalmente abandonar la osamenta en algún rincón desconocido. 

Con orgullo soportaba la falta del miembro importante de mi cuerpo, perdido con gloria en el servicio de la patria, como presenciaron algunos de vosotros –afirma Santa Anna en sus memorias-, más aquel orgullo se ha convertido en dolor, en tristeza y desesperación. Saber que ese despojo mortal ha sido violentamente sacado de la urna funeraria, rompiéndolo para burlarlo por las calles públicas.  

Culto a la personalidad

Como podrán ustedes observar esta sorprendente historia de la pierna de Santa Anna constituye un magnífico ejemplo de la promoción del culto a la personalidad que lleva a cabo un gobernante para satisfacer su egolatría.

Por cierto, el Museo Nacional de Historia exhibe en una vitrina la pierna ortopédica del general López de Santa Anna. Resulta muy grato comprobar cómo un modesto objeto de colección permite a los visitantes penetrar en una dimensión picaresca de la historia política mexicana, tradicional recurso del pueblo para soportar el enorme fardo que significaba tener que mantener con su trabajo y su pobreza a gobernantes perversos y ególatras como el mencionado.

A continuación los invito a disfrutar de un fragmento de un poema alusivo, producto del ingenio popular de la época.

 

Nada en esta vida dura,

Fenecen bienes y males,

Y a todos nos hace iguales

Una triste sepultura.

Dígalo el pie de Santa Anna

Que con gran solemnidad

De pompa y de majestad

Se colocó en Santa Paula;

Y hoy la plebe mexicana, 

Luego que se pronunció, 

Del sepulcro lo sacó

Lleno de entusiasmo y celo;

Luego es claro que en el suelo

Sólo permanece Dios. 

 

Te recomendamos:

 VER: Minibiografía: Antonio López de Santa Anna. 

 (https://www.youtube.com/watch?v=IeOkycxikGA)

 

LEER:

William Fowler. Santa Anna. ¿Héroe o villano? Editorial Crítica. 

Puedes comprarlo aquí: https://www.planetadelibros.com.mx/libro-santa-anna/230584

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